Capitulo 113 Segunda oportunidad
En la sala de emergencia de un hospital, entraron dos paramédicos llevando un anciano en una camilla. Clamaban por un médico con rapidez, el anciano estaba infartado.
Un médico acudió al llamado, junto a él, llegaron dos enfermeras. Mientras el doctor solicitaba una inyección de epinefrina y que cargarán las paletas del desfibrilador, los jóvenes paramédicos cargaban al anciano de la camilla hacia una cama.
Una enfermera le puso los electrodos del monitor cardíaco mientras la otra le inyectaba la epinefrina en el catéter que acababa de poner.
La más capacitada de las enfermeras cogió las paletas del desfibrilador y después de avisar le realizó la primera descarga.
El doctor, que realizaba las compresiones toraxicas, le tomó el pulso y dijo: nada, carguen de nuevo las paletas.
Un paramédico, que sólo tenía 25 años y recién había enviudado, llevaba el anillo de su difunta esposa colgado en una cadena al cuello. Se dio cuenta que se había soltado uno de los electrodos del monitor y se acercó a colocarlo nuevamente. La enfermera, que no vio que colgaba la cadena del cuello del pobre hombre, le realizó la segunda descarga del desfibrilador sin darse cuenta que rozaba el anillo.
Un rayo de luz salto con un chispazo de las paletas al cuello del paramédico, tirandolo contra el piso. El anciano recuperó en ese momento los signos vitales, pero no la conciencia. Y el paramédico yacía en el piso sin signos vitales.
Al anciano lo transportaron hacia una sala, en coma, mientras todos luchaban con el pobre joven en el piso. Al cabo de varios minutos, una inyección de epinefrina y varias descargas de la paletas, el joven se recuperó.
Lo llevaron a una sala donde pasó la noche.
Al otro día, le dieron el alta, se vistió y fue al espejo a lavarse la cara y peinarse para regresar a su casa, pero ohh, sorpresa. No reconoció la cara de 25 años que lo miraba desde el espejo, no se parecía al rostro que tanto conocía y lo había acompañado por más de 70 años.
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